Thursday, February 28, 2008

Humor chilango

Es ampliamante conocido el fallido bombazo de la semana pasada en Av Chapuletepec, que afortunadamente se truncó de tragedia nacional a mero incidente donde la única víctima fue el pobre sujeto que la iba a hacer de mensajero, "el pipen", a quien literalmente le estalló la bomba en la manos. ... Mientras los policías y los políticos investigan si detrás del bombazo estan los narcos de tepito, o el cártel del golfo, o el EPR, o el mismo gobierno que quiere crear una cortina de humo, la chilanga banda toma con natural filosofía la tragedia que no llego a ser y con la acostumbrada irreverencia ya ha creado una lista de chistes sobre el difunto "pipen" y su truncada carrera de terrorista, aquí algunos de esos chistes con perdon de sacatrapos y la academia del mal gusto:


  • ¿Cual era el colmo del bombardero de chapultepec? R= Ponerse "cuete" en horas de trabajo.

  • ¿Qué le recomendó su doctor horas antes de morir? R= Modere su carácter, no sea tan explosivo.

  • ¿Cual era su pasatiempo favorito? R= Salir de reventón.

  • Se decubrió que al hombre bomba le gustaba tronárselas.

  • Lo que menos le gustaba de su trabajo: que lo explotaran.

  • Dicen que su novia le marcó al celular y por eso le explotó la bomba antes de tiempo, le llamó para decirle: ¡contesta, no te hagas pe...dazos!
  • ¿Cual era su canal preferido?: R= TNT!

Friday, February 22, 2008

Señores imperialistas: no les tenemos ningún miedo


Conocí la La Habana en el que todavía era el tiempo de Fidel, una noche ardiente de 2001 después de un vuelo tortuoso y fugaz desde Cancún. No tenía idea de qué me esperaba cuando en el aeropuerto José Martí le di a un chofer de taxi la dirección que llevaba anotada en un trozo de papel: Aguila 87, entre Bernal y Trocadero, Habana Vieja. El taxi se internó en la caliente noche cubana y del espejismo de imágenes que se pueden ver desde un auto sólo comprendí la dimensión rebelde de ese país cuando las luces de la plaza de la revolución delinearon la figura inconfundible del Che Guevara y sus palabras esculpidas en uno de los costados del ministerio de interior: “Hasta la victoria siempre...” Había llegado a Cuba.


A partir de allí fue La Habana, fue su gente, fue su música, fueron sus ideales y su vida contradictoria las que me hicieron sentir como nunca en un lugar donde me quedaría a vivir por siempre. Sandra y su familia nos recibieron al hermano, a Monche y a mí como han recibido a no sé cuántos desconocidos, como a uno más de su tribu. Caminé bajo el sol implacable del caribe, por el malecón hasta el hotel Habana Libre, por las antiguos caserones de el Vedado que ahora albergan a miles de familias y centros culturales, por el paseo del Prado, por la calle Obispo donde se encuentra La Bodeguita del Medio, inmortalizada por Hemingway. Atravesé el barrio de la Habana Vieja con sus casas que parecen detenidas en el tiempo, carcomidas por el salitre, por la energía de su gente y las penurias de su historia. Platiqué con choferes, con los que se sentaba a mi lado escapando del calor del trópico, con los que merodeaban a las 4 de la mañana con una botella de ron por el malecón, con los que añoraban ir a Miami y con los que se mantienen firmes en la admirable resistencia del pueblo cubano.

En medio de sus privaciones, de la comida racionada, de las prohibiciones, de la escasez, de las carcachas de los años cincuenta, Cuba exhibe sin recato su rebelión a seguir el destino irrevocable de cualquier neocolonia latinoamericana. Y para exhibir esa fortaleza nada mejor que los letreros que se multiplican por las calles: “Esta noche 10 millones de niños en el mundo dormirán en las calles, ninguno es cubano”, o “Los principios no son negociables, Fidel”, “La Habana, fiel a su historia” y por supuesto “Patria o muerte ¡Venceremos!”. Pero ninguna como el espectacular montado a pocos metros de la sección para intereses cubanos de Estados Unidos (el equivalente a la embajada norteamericana): “Señores imperialistas: No les tenemos ningún miedo”. Si de algo puede enorgullecerse Cuba es de la veracidad de sus eslogans, en ningún país de América Latina hay mejores niveles de salud, gasto social y ninguna nación de nuestro continente puede jactarse de haber terminado con el analfabetismo. La sociedad cubana lee, debate, discute y resiste los embates del país más poderoso del mundo que desde hace cuarenta años ha castigado a la isla con un embargo desmesurado por su crueldad e injusticia. Y Cuba se sigue rebelando, le pese a quien le pese.

Y todo esto me vino a la mente esta semana, cuando desde la oficina leí en la primera plana de todos los periódicos del mundo que Fidel Castro anunciaba que no será más comandante en jefe. Mi compañero Steven, cuyos abuelos huyeron del feroz comunismo que los soviéticos implantaron en Hungría, asegura que es la mejor noticia del año. Por supuesto, Fidel es una figura a la que nadie puede ver a medias tintas, o se le admira o se le rechaza, amor y odio para el último gran personaje del siglo XX. “Nadie tan lejos de la mediocridad como él” escribió Ricardo Rocha para El Universal el pasado jueves. Todos podemos opinar pero la última palabra sólo la pueden dar los que ahí viven, los que defienden la revolución o claman la intervención yanqui. Yo me quedo con la certeza de que sin Fidel, Cuba sería una más en la amplia lista de injusticia social y miseria de nuestro continente y no el país del que me enamoré para siempre.

De ese viaje sólo he digitalizado dos fotos con un antiguo escáner.


La Habana desde Santa María Regla


Un niño

Tuesday, February 05, 2008

¿Dónde diablos está la izquierda?

Hace dos semanas el periodista Jaime Avilés publicó su columna defiladero en La Jornada esta nota. Debajo del encabezado se puede leer "Mouriño aplicará en México la política de Aznar". Sus argumentos no sólo me parecen paranoicos, definitivamente rayan en el delirio y notas similares de otros periodistas de izquierda como Julio Hernández han sido duramente criticadas por su tono xenófobo y por desviarse del tema central que es la crítica efectiva y sustentada a un gobierno como el de Calderón que en mi opinión no ofrece una alternativa real a la compleja problemática social y económica de México. Así que inocentemente les envié un mail diciéndoles que no estaba de acuerdo con lo que dicen, ahí les dije algo así:

¿Por qué utilizar una arenga xenófoba y simplona para criticar al gobierno de Calderón? ¿No sería mejor probar con profesionalismo periodístico las tramas de corrupción que seguramente la familia Mouriño ha tejido en Campeche? Claro, es más fácil decir que los españoles nos invaden; desafortunadamente tal idea resulta doblemente peligrosa. Con tal afirmación estás dando la razón a los grupos xenófobos norteamericanos que hablan de la reconquista de los territorios del sur de Estados Unidos. Si lo que dices es real, el gobierno británico debería expulsar a los miles de servidores públicos que nacieron en Dhaka, Kabul, Karachi o Delhi y el gobierno español sacar a los casi dos millones de latinos que habitan la península ibérica. El estado de desastre y corrupción de la izquierda mexicana se debe en parte a argumentos fáciles en los que simplemente se culpa a los demás de nuestra situación. Lo que no encuentro son propuestas. Con explicaciones como la recolonización, no veo otra solución que la expulsión de los españoles y sus empresas. ¿Y después? ¿Y la gente que se queda sin empleo, sin cliente, sin proveedor?

Sobra decir que no recibí ni recibiré respuesta a tal correo. Desde esta distancia y mirando con más decepción que asombro el ridículo juego de poder entre los tres partidos principales de México sólo me queda preguntarme dónde estamos los que seguimos creyendo en el papel decisivo del Estado, en las libertades individuales, en la tolerancia y el derecho al desarrollo de los que nada tienen. Alguna vez creí que esto era representado por lo que se denomina la izquierda mexicana, pero desde hace mucho ha dejado de interesarme su visión subyugada a la teoría del complot y a su permanente tirria a todo lo que venga del mundo capitalista -en el que está finalmente sumergida-. Leo y releo La Jornada y no dejo de decepcionarme de sus artículos que, siguiendo la perversa lógica del mercado, se dedican a decir lo que sus lectores quieren escuchar: demasiada crítica y casi ninguna propuesta. ¿Dónde está esa izquierda que debería ser el contrapeso del conservadurismo iletrado del PAN y de la herencia de corrupción del PRI? Sólo la encuentro fragmentada, entre la cerrazón y las tentaciones del poder, entre AMLO, el EZLN y el mismo PRD; y por más que busco, no encuentro un lazo, una sola rama de esa izquierda que vincule o represente a demasiada gente que ha dejado de tener fe en su capacidad para influir en el destino de su país.

Sunday, January 27, 2008

Treguas...

A veces el gris del invierno nos da una tregua y amanecemos a una mañana esplendorosa y fría. Bastan esas horas de sol para ponerse de buenas y salir a caminar.








Monday, January 21, 2008

Berlín, Londres, Birmingham...


Algunas cosas vistas al caminar junto a las ruinas del muro de Berlín:









Después la puerta de Brandemburgo



El memorial al las víctimas del genocidio nazi



Y de regreso un paseo por Londres, desde el Big Ben y hacia Trafalgar square


Hasta Picadilly Circus



Y después de 3 horas de autobús.... Birmingham


Friday, January 18, 2008

De la niñez en estas tierras...

Del incontenible envejecimiento de Europa había escuchado mucho, mitos urbanos sobre pagos, excepción de impuestos y otras maravillas con las que los gobiernos premian a las parejas que tienen bebés. Quizá suena inceríble pero es real. Basta salir a la calle para ver que los carritos motorizados y las sillas de ruedas superan en número a las carreolas. Aquí en Inglaterra todo niño recibe una pensión universal de 300 libras mensuales, los padres trabajadores gozan de vacaciones por el nacimiento de un hijo y las mamás trabajadoras pueden dejar sus trabajos los viernes al medio día entre otros beneficios. En España hay municipios que organizan fiestas comunitarias para fomentar la procreación y cada hijo es premiado por 1,000 Euros del gobierno.

Sin embargo, a pesar de mas días de vacaciones, de los impuestos reducidos y los cheques del gobierno, la decisión de ser padres, al menos en Inglaterra es solo para los valientes. Y es que la mayoría de los niños de Europa (he escuchado lo mismo de EUA) sufren una metamorfosis de mala educación, como si los pecados de occidente se concentraran en las pobres criaturas que de bebés adorables pasan a ser escuincles odiosos, que exhiben sus berrinches en los trenes, gritan a sus padres con la autoridad de adultos y abusan de su privilegiada posición de intocables. Una nalgada correctora basta para ir a la cárcel si el retoño de 4 años denuncia semejante castigo ante la escuela. Nunca me ha sido fácil la convicencia con niños, pero ver a los rapaces ingleses definitivamente aleja de mí cualquier instinto de paternidad. ¿Por qué los niños se vuelven pequeños monstruos? En el futuro el tema seguramente llenará bibliotecas e inspirará doctorados pero por el momento lo adjudico a razones culturales, a la libertad de occidente, al acceso a la tecnología (¿serán los videojuegos?), a la prosperidad económica, al ambiente social... quiza simple genética (todo niño es un vikingo en potencia). Mi amiga Bene, que tiene un bebé de un año me dijo hoy que después de padecer el comportamiento criminal de sus sobrinitos consideró seriamente no enseñarle a hablar a su propio hijo jamás, quizá así perpetuaría su inocencia. Todos en la oficina la desaconsejamos, algún día el rapaz podría escapar y aprender a hablar en la calle y, definitivamente es preferible el vocuabulario casero a que termine hablando con acento rapero o hip-hopero (con perdon de todos los raperosy hip-hoperos de las pandillas del mundo) o peor aún, que se convierta en cantante de dicho genero… Finalmente Bene me dice con sabiduría que uno puede no soporar su presencia, incluso detestarlos, pero no todo es tan malo, ella afirma ser la mujer más feliz del mundo con su hijo... que aún no habla. Yo por las dudas procuro estar alejado de los rapaces, sean pacíficos o no, prefiero limitarme a mirarlos cuando pasan en sus carreolas con cubiertas antilluvia, envueltos en mini-sleeping bags para protegerlos de frío. Ya crecerán y torturarán a sus padres que pagarán menos impuestos a cambio de soportar el crecimiento del futuro europeo.

Wednesday, January 09, 2008

Deutschland express

Mis primeros conocimientos de Alemania llegaron a mí por medio de un calendario que Raymundo me trajo por ahi de 1990 junto con un sobrecito blanco que contenia una piedra pintada con spray: un pedacito del recien derrumbado muro de Berlin. Aquellos objetos definieron lo que por mucho tiempo sería mi idea sobre Alemania: un país con paisajes medievales y una ciudad donde la gente habia derrumbado un muro que de alguna manera bloqueaba la luz solar.

Ahora creo que aquellas divagaciones no estaban tan alejadas de la realidad.

Y con esto no quiero decir que los que padecieron las calamidades del socialismo fueran iluminados por el resplandor de las tiendas en el lado oeste de Checkpoint Charlie.

Pero no empezaré por el final. Si uno tiene tres días para recorrer un país y dos ciudades el principal elemento es la velocidad. Así que desde que nos bajamos del avión en Munich dimos prioridad movernos con rapidez para encontrar un hotel y salir a caminar. Ya en el centro de esa ciudad no había más que acelerar el paso, el ambiente estaba a -6º y con semejante temperatura uno no puede pasear como por la alameda. Munich me sorprendió por su belleza reconstruida, por sus mercados de navidad, por la delicia del chocolate caliente con pastel cuando uno escapa del frío atroz para refugiarse en una cafetería. Caminamos, perdimos a mi mamá, compramos ropa, comimos salchichas con cerveza, nos helamos y salimos una mañana igual de helada en el tren de alta velocidad a Berlín, que nos esperaba a la mañana siguiente.

Berlín es otra historia, por su historia misma, por la desgracia de ser el punto en el que el mundo se dividía, por su destrucción y por la memoria del pasado atroz. Porque a pesar de sí misma, Berlín ha escapado de todas sus condenas y basta salir a la calle para sentir la vibra de una ciudad que irradia energía, cultura, música, paisaje y claro, prosperidad. Salimos del metro y fuimos directamente a Potsdamer Platz y desde ahí hasta el Reichstag, cruzamos el silencioso memorial de los judíos europeos asesinados, atravesamos la puerta de Brandemburgo y caminamos hasta Checkpoint Charlie que sirvió de paso entre las dos Alemanias durante la guerra fría . Pero no sentí un Berlín como el que se percibe al caminar junto a los despojos del muro. Tristemente el graffiti se ha deslavado y vuelto a pintar con plumones de todos los turistas del mundo, pero el muro está allí y su recuerdo y su tristeza y la sombra del pasado están allí al lado de uno, que sólo tiene que estirar la mano para sentir un poquito la opresión en la garganta por lo que ese pedazo de pared representó.

Amé el sonido de la ciudad, los eventos, las fiestas anunciadas en todas las paredes, los perros acompañando a sus dueños en los centros comerciales, los cafés y las galerías. El único defecto de Berlín es su idioma, del que sólo conozco “danke” [gracias] o el “hallo” con la letra “o” tan acentuada. El país que imaginé desde niño era mucho mejor, mucho más vivo, culto, sofisticado y amable de lo que un pedacito de piedra me hizo imaginar a los 9 años.

Monday, December 31, 2007

Último día del año...

Faltan cuatro horas para que termine 2007 y a estas alturas más que recuentos tengo preguntas y sólo preguntas.

¿Dónde estaremos cada uno de nosotros en unos 365 días?
¿Qué cosas buenas habrá para recordar?
¿Estaremos los mismos, seremos más, faltará alguien?

Y no sé por qué tengo en la cabeza....
¿Se va a morir Fidel Castro?

En fin, la lista se extiende hasta el límite de las tonterías de nochevieja... Finalmente lo mejor que puedo hacer es olvidar esta gripa que no me deja en paz, salir a brindar y decir salud cuando suene la cuenta regresiva para que inicie ese otro conteo, el que inevitablemente nos llevará a ese futuro esperado...

Paz y buena vibra

Saturday, December 29, 2007

Post 103 y Alemania

Hace poco más de un año que empecé a escribir en este blog y ni cuenta me di del post #100, que si bien no significa nada ps es al menos la prueba de que uno ha publicado un alto número de cosas en esta paginita de blogger. Éste es precisamente el post 103 y desde entonces me han sucedido tantas cosas que resultaría demasiado aburrido y tardado enumerarlas, aunque ¿a quién no le cambia la vida en un año? Éste es también mi primer post desde la nueva computadora, mi amada mac que compré en Orlando por ahí de marzo de 2006 sufrió un infarto fulminante y murió lentamente. Desde entonces secuestré la computadora de Daniela y utilicé otras muchas en la escuela y cafés internet, afortunadamente antier compré una nueva mac, ahora sí con garantía extendida de tres años. En fin, realmente no sé por qué esribo sobre esto cuando hay tantas cosas qué contar últimamente, desde la graduación en el día más frío del año y un viaje express a Alemania...

Mientras tanto aquí unas fotos de Munich y Berlín..

El mercado de navidad en Munich

El Friedrichstr iluminado

Thursday, December 20, 2007

Un encuentro

"Estoy aqui, contigo, y no puedo creerlo", me dijo, y yo tampoco lo creía, porque esa precisa noche los pasillos de la Cooperative de Stirchley tenían algo de irreal. Mientras buscábamos una baguette y unas cervezas para la cena, sentía como si el supermercado estuviera vacío, y sólo camináramos por sus pasilos ella y yo, platicando otra vez como si no hubieran pasado mas de 400 días desde la última vez que la vi, en un aeropuerto. Ahora entiendo que en efecto, estabamos solos, porque a esa hora de la noche no importaba nada más que hablar y ver, porque ella estaba aquí, en esta realidad tan distante de lo que conocí a su lado. Había imaginado muchas veces como sería cuando nos volviéramos a ver, sobre todo desde que supe que ella vendría. Hay encuentros que se dan muchas veces en la imaginación antes que en la vida real, sin embargo esta vez fue mejor que cualquier supuesto: mas nítido, e intenso, aún cuando apenas teniamos dos horas de vernos. Supongo que para ella también todo era distinto a como lo habia pensado. Y así seguimos, deambulando entre anaqueles de latas, pizzas congeadas, chocolates y cervezas, saboreando un momento que perdurará para siempre en nuestra memoria. Porque esa visita al supermercado estaba escribiéndose en nuestra historia. Salimos a la noche nuevamente, afuera estaba Birmingham y su invierno, tomé a mi mamá del brazo y cruzamos la calle platicando con a certeza de que el tiempo, la distancia y las dificultades a veces son tan cortas o tan largas como la simple fila de un supermercado.

Tuesday, December 04, 2007

Adiós, América!

Primero es azul, después se torna amarillo claro y luego cambia a un gris tormentoso. En una hora el cielo tiene todos los tonos de las estaciones. Con el viento es igual, de una tranquila brisa que recuerda al verano, de pronto todo vuela y el frío cala hasta los huesos, cuando el gris acecha, el viento silba y la lluvia nos golpea la cara. Y ante semejantes cambios, el paisaje de Bristol se transforma, de ser una veraniega ciudad europea con terrazas y ventanas victorianas, en minutos se convierte en una nostálgica red de callejones lluviosos, donde el mejor lugar para buscar refugio es un pub. Así se puede escapar del clima miserable (palabra usada comúnmente por los ingleses para describir el estado del tiempo en su país) y el ambiente cambia por el delicioso aroma de la sidra caliente y de la siempre reconfortante sensación de una pinta de cerveza. Y que mejor, si a esta rápida visita al sur de Inglaterra se le suman dos buenos amigos, Steven y Renee, de Oregon, que en dos semanas regresarán a quejarse del injusto sistema social norteamericano. En fin, la plática, la cerveza y la compañía son amenizadas por una banda de jazz, después por el tradicional Sunday roast (asado del domingo) y finalmente por una despedida más. Aún cuando uno se acostumbra a despedir amigos a los que no se sabe cuando volverá a ver, decir adiós a un buen amigo es difícil. Ahora es la noche, hemos recorrido un poco de la ciudad, probado suficiente cerveza y hablado apenas lo suficiente para que cuando llega el taxi que nos llevará a la estación de autobús, nos demos un buen abrazo y deseemos buena suerte. Así en segundos el gringo queda atrás, con su ciudad que alberga todas las estaciones en un día, con su próxima boda en febrero, con su amor a México y con la promesa de volvernos a encontrar, en algún lugar de ese futuro que apenas comienza a existir.

Saturday, November 24, 2007

Invierno...


Creo que el invierno no es aún oficial, pero desde hace unas semanas aquí la vida ha cambiado, el frío es ahora el principal tema de conversación en las mañanas y la para salir a la calle hay que prepararse no sólo con bufanda, suéter y abrigo, sino también con el suficiente coraje para abandonar el calor de las casas... Ahora los días duran menos, a las 4 de la tarde está oscuro y una lluvia melancólica y helada suele caer en cualquier momento. A unos el frío los deprime, yo prefiero pensar como mi amigo Horia que afirmaba que no hay nada mejor que una bocanada de aire gélido para sentir como la vida te llena los pulmones. A veces, después de muchos días grises, la mañana nos sorprende con un cielo completamente azul, sin un rastro de nubes. Esos días quizá son treguas para recordar, que finalmente detrás de todos los nubarrones, siempre habrá un diáfano azul.

Monday, November 19, 2007

Office cultural shocks

Es cierto que desde nuestra cálida sociedad latinoamericana solemos juzgar a los europeos como personas “frías” debido en su mayor parte al carácter individualista de sus sociedades, en comparación con nuestras comunitarias raíces, sin embargo desde que llegué aquí había tenido la idea que nuestros prejuicios eran hasta cierto punto exagerados. La mayoría de mis amigos ingleses ciertamente restringen sus expresiones afectivas, pero aún así logré descubrir en ellos las mismas pasiones humanas que nos mueven al otro lado del mar: el amor, la amistad, los lazos familiares, el ánimo de fiesta…

En el nuevo trabajo de oficina mis tres compañeros, Christine, Steven y Gordon, han sido amables, colaboradores y hasta cierto punto, amistosos. A pesar de sus evidentes limitaciones para el proceso de socialización, repiten rituales oficinescos como ofrecer café a todos siempre que van a la cocinita, o llegar a atrevimientos como preguntar si uno tuvo un buen fin de semana. Sin embargo algo no concordaba en ese ambiente de relativa fraternidad de equipo. Desde el primer día noté que de las 80 personas que trabajamos en el piso que maneja la distribución de Cadbury, nadie, de verdad, nadie se saluda con un semejante que habite a más de tres escritorios, es decir, uno conoce a sus compañeros obligados, pero más allá todo es tiniebla. Y es que ciertamente los rituales a los que estaba acostumbrado, como el saludo a todos en la mañana o la comida compartida aquí simplemente no existen. Por las mañanas cada quién a su escritorio y su computadora, a la hora del lunch la gran mayoría saca metódicamente un sándwich o molde de ensalada y lo engulle en el más aislado de los silencios. Algunos leen las noticias, otros simplemente mastican mecánicamente y una vez que han terminado vuelven al teclado o al teléfono. Incluso en el comedor, que está dedicado principalmente al personal operativo (los verdaderos oompa loompas), es demasiado común ver a una persona por mesa, comiendo sin compartir siquiera un suspiro. Quizá la falta de socialización sea directamente proporcional a la eficiencia: a las cuatro de la tarde todo el mundo sale en desbandada, nada que ver con las agónicas horas nocturnas en las oficinas mexicanas. Aún así, sigue sin convencerme el estilo y sí, vivo una especie de shock cultural oficinesco, porque finalmente en mi breve historia laboral he hecho grandes amigos y conocido gente cuyo simple recuerdo me evoca una sonrisa. Mi mamá, por ejemplo, sigue reuniéndose con sus amigas de Coca-cola, bastantes años después de haber dejado esa empresa. Esa eficiencia que sacrifica la delicia de la convivencia –así sea en un oficina- será uno de los hábitos quizá positivos que dejaré de lado. Cada mañana saludo a cuanto oficinista se atraviesa en mi camino, aunque tenga que pasar un buen tiempo deletreándole mi nombre, o en caso desesperado mostrando mi credencial para cuando los vea un día después, si no un saludo, esbocen al menos un intento de sonrisa.

Monday, November 12, 2007

Después de días de trabajos forzados en los eventos de la socialité brumi, recibí una llamada en la gélida mañana del jueves pasado. Una oferta de empleo para Cadbury World, la más famosa fábrica de chocolates de esta ciudad, cuyos dueños donaron los terrenos de la universidad con el voraz apetito chocolatero de Europa. El trabajo no tiene una gran responsabilidad, pero al menos me aleja temporalmente de cargar las charolitas con todos los platos del mundo y de estar parado durante 11 horas poniendo cara de servicio al cliente. Hoy por la mañana, aún molido por el trabajo de todo el fin de semana desperté a las 8.15, tragedia nacional, tenía apenas quince minutos para bañarme y salir corriendo al nuevo empleo que me esperaba –afortunadamente –a diez minutos a pie del hogar. Fue inevitable pasar una noche de pesadillas. Volver a una oficina no es el objetivo por el momento, pero a lo que más le temía era a contestar llamadas y enfrentarme al feroz acento de esta región que por momentos suena a una mezcla de francés, alemán e inglés ininteligible. Afortunadamente Cadbury provee suficiente chocolate caliente gratis como para olvidar el frío y las preocupaciones. Estuve en mi primer día de trabajo conociendo las oficinas y a los impersonales y pálidos ejecutivos ingleses. Me quedé con las ganas de entrar a las líneas de producción de los dulces y chocolates, todo me hace suponer que Willy Wonka en persona, con su fiel y explotado séquito de Oompa Loompas se divierten y cantan canciones infantiles mientras nosotros resolvemos las aburridas complicaciones del tráfico logístico en Inglaterra…

Tuesday, October 30, 2007

Día de muertos

Desde hace muchos años el día de los muertos fue la fecha que más me gustaba del año. La fascinación por ese día se inició quizá en un remoto noviembre de mi niñez cuando por primera vez vi a mi abuela regresar del mercado con calaveras de azúcar, pan de muerto, flores, fruta, veladoras y todos los elementos del ritual dedicado a esos parientes que sólo había conocido en las amarillentas fotos del pasado. Una sentencia completó el misticismo que rodeaba a esa mesa llena de comida y calaveras: si tomas algo tienes que rezar un padrenuestro para pedir permiso, porque esta comida es para los difuntos. Recuerdo aún con nitidez el aroma y la luz sobrenatural que envolvía a la ofrenda por las noches, la luz naranja de las veladoras creando un espejismo de reflejos sobre la pared y yo, agazapado junto a un sillón, intrigado por saber si de la oscuridad aparecería algún alma. Me gustaba pensar que los difuntos estaban allí y que eran mis ojos los incapaces de verlos, a ellos que habían hecho la travesía desde la muerte. Ni la navidad, ni los regalos, ni las vacaciones, ni mi cumpleaños me inspiraban tanta devoción, ni esperé otro día con tan secreto fervor. Alguna vez le pregunté mi abuelo si creía realmente en que alguien nos visitaba ese día. Su respuesta ambigua y sabia llenó todas mis expectativas: no lo sé, pero si regreso y no hay comida esperándome y unas velas me voy a poner muy triste. Y así llegó el día en que mis abuelos dejaron de poner la tan esperada ofrenda, esta vez ellos eran los que visitarían la casa en el amanecer de noviembre. Desde entonces fui yo el encargado de la ofrenda, no quería ni pensar en los regaños que me daría desde el más allá mi abuelo si no recibiera como se debe a tan lejanos visitantes.

La fiesta de la muerte había marcado días memorables en mi vida, tal vez por eso cuando aquel día también significó un final inesperado, me sorprendí reclamándole al destino por lo injusto de mi suerte. Pero era al fin y al cabo la muerte, como la pintamos, alegre y traicionera, riéndose de la vida, terminando con plazos y esperanzas, descomponiendo planes y dejando futuros desahuciados. Porque las promesas, como los vivos, también mueren, y para los que nos quedamos sin ellas no queda sino dedicar una sonrisa al recuerdo de los buenos días y dejar que la luz de una veladora ilumine la memoria de lo que no será más.

Cuando lo que sobra es tiempo...

El desempleo ha representado hasta el momento la oportunidad de entregarme al relajado ensueño del que no se dedica a actividad productiva alguna; de tal manera que, aunado al frío que es apenas un aviso de llegada del invierno, me encuentro durmiendo diez sanas horas al día y esperando. Porque la clave para que el desempleado que sí quiere trabajar no enloquezca radica en la paciencia, en enviar curriculums, cover letters, fotografías, formas, cartas de motivación y formularios sin desesperarse. Por supuesto la paciencia no es cosa fácil, especialmente en los días helados en que la luz del sol apenas se filtra por los densos nubarrones que atraviesan esta isla. Afortunadamente a fuerza de mirar pasar los días desde mi ventana mientras busco empleo he tenido la fortuna de atestiguar momentos de plena belleza, como cuando un hueco de sol hunde su luz entre las pesadas nubes y por arte de viento en cuestión de quince minutos el paisaje cambia del habitual gris inglés a un cielo de azul esplendoroso y nítido. Tal descarga de sol alcanza para iluminar el amarillo del verano y hasta para dibujar atisbos de sonrisas entre los pálidos habitantes de Birmingham.


Sin embargo ha sido por las noches, en mi labor de mesero de fin de semana, que he podido presenciar y vivir otras capas del tejido social inglés. En el ejército de meseros ya he conocido gente de todos los continentes, especialmente gente de color. Es así donde me viene la duda si esta sociedad es genuinamente racista o la comunidad afrocaribeña es la que tiene problemas para adaptarse al ritmo de este país; o es una sutil mezcla de las dos. Pongamos un ejemplo, domingo por la noche: los premios Hafta (adaptación bizarra de los británicos Bafta) y cena con la comunidad del sureste asiático proveniente de India, Bangladesh y Paquistán. Los que cargamos las charolas enloquecemos con la cantidad currys que llevaremos a la mesa, un total de siete terroríficos y extenuantes platos más nan, ensaladas, entrada y postre. Afortunadamente la locura del servicio da espacios para observar y es evidente que la comunidad asiática se ha adaptado a la vida en Inglaterra, son unidos, prósperos, ocupan puestos importantes en las empresas y el gobierno, emprenden negocios, hacen labores de responsabilidad social, envían remesas. Son folclóricos, mezcla entre lo kitsch y lo excéntrico, nacos, dirían los amantes del clasismo, compran a ritmo occidental pero siguen vistiendo saris, se consideran británicos pero escuchan rock paquistaní. Pero se adaptan, resurgen a las dificultades de la emigración mientras las comunidades afrocaribeñas siguen atrás. ¿Racismo, predisposición cultural? Sigo observando la pasarela con modelos en sari y las pantallas gigantes con imágenes de bollywood (cine hindú) con sus escenas llenas de bailarines, cuando llega el momento del café, o del plato fuerte, o no importa, mi compañera estoniana me llama angustiada para ir nuevamente a la cocina y pospondré para otro momento el ritual del observador.

Monday, October 22, 2007

Regreso al capitalismo

Que las becas como llegan terminan, lo sabía. Que la vida de estudiante no dura para siempre, lo supe desde el primer día de clases. Lo que no imaginaba era cómo sería mi retorno al mundo capitalista. Siempre me ha quedado claro que nuestro sistema económico se basa en la explotación del hombre por el hombre, en la acumulación de la riqueza, en la opresión a los que menos tienen. Sin embargo no sospechaba que terminaría formando parte del último eslabón en la larga cadena del comercio. Estábamos allí, Juan y yo, cada quién con una enorme charola en la descomunal cocina del ICC (International Convention Centre) de Birmingham, junto con otros sesenta meseros listos para proveer alimentos a más de mil personas que atendían una fiesta corporativa. Cuando tomé el empleo juré que la palabra mesero se limitaba al uso de una charola mínima y que el mayor esfuerzo implicaría a llevar un plato de pollo asado o unas copas de vino a una mesa: fatal error. Mientras esperábamos en la tremenda fila con la charola atiborrada de platos comencé a entender las dimensiones de lo que vendría: siete horas de pie llevando y trayendo alteros de botellas, torres de platos, cubiertos y montones de copas, esquivando a las hordas de borrachos que amenazan con el desastre a cada paso. Por supuesto que era apenas el principio. La cocina rugía con el calor y los gritos de quince chefs abriendo y cerrando puertas de hornos, decorando platillos, sirviendo sopas y gritándose unos a los otros. Al otro lado de la barra un ejército de meseros aguardábamos una señal para salir en tropel y regarnos entre las noventa y tantas mesas del foro. La homogeneidad del regimiento meseril fue lo que más me sorprendió, un setenta por ciento era gente de color, todos jóvenes, todos excluidos del sistema educativo, muchos de ellos dedicados exclusivamente a esta actividad, el resto éramos estudiantes o ex-estudiantes de la universidad, migrantes polacos y uno o dos ingleses que estaban ahí por necesidad. En la fila se podía escuchar el inglés con acentos de Jamaica, Sudáfrica y otras ex-colonias inglesas, también se escuchaba el polaco y cuando pasé frente a los lavaplatos un peruano inmigrante ilegal me saludó; a lo largo de la noche encuentro gente de Etiopía, China, Lituania y Tunisia. El tercer mundo en pleno, sirviendo a la próspera sociedad inglesa. Siete horas después y tras haber hecho decenas de viajes con las charolas llenas de todo lo que se puede encontrar en una centena de mesas, salimos a la noche helada, literalmente molidos con sólo ganas de dormir y descansar hasta el siguiente día en que probablemente nos esperaría una soba igual.

Saturday, October 13, 2007

El mundo en fotos...

En la helada primavera de 2007 comencé a tomar fotos de mis amigos, maestros y de toda la gente del Departamento de Desarrollo Internacional en la Universidad de Birmingham. Finalmente era la mejor oportunidad para fotografiar gente de todos los continentes, edades, culturas, colores e idiomas. Durante semanas los fotografié en un jardín detrás del salón de té. Para romper el hielo y el nerviosismo de muchos de ellos les pedí que hablaran del futuro, de su sueños. Así llenaron casi un cuaderno con aspiraciones que van desde tener familias felices y poder graduarse hasta ser cantante (mi amiga Damola es cantante en Nigeria) o simplemente conocer Venecia. Las 81 fotos tomadas fueron subidas a un blog por Harmeet, amigo de Dehli y la persona con la sonrisa más sincera que he conocido jamás. El blog está en la siguiente dirección:

Aquí algunas fotos completas

Harmeet Singh. Nueva Delhi, India

Michelle Youdeowei. Londres, Reino Unido


Aisha Muhammed. Abuja, Nigeria


Stephen Allen. Portland, Estados Unidos.


Tamara Alexander. Ltyentye Apurte, Australia.

Tuesday, October 09, 2007

¿Cómo se llega al futuro?

Así fue como todo terminó. El lunes 1 de octubre imprimí a tesis, la llevé a empastar, tuve que protegerla de la lluvia horizontal de estas tierras y para cumplir con los paralelismos del tiempo la entregué exactamente un año después del lejano primer día de clases. La siempre sonriente Jo, recepcionista de la escuela, recibió las dos copias el CD y ya. Terminé la maestría. Saliendo de allí me esperaba el futuro...

La pregunta ahora era: ¿Dónde diablos está el futuro?

Afortunadamente no he llegado a la edad o al estado mental en que la falta de una respuesta semejante provoque pánico personal. Realmente no importa; el futuro está
allí, esperando y la falta de certeza respecto al momento y las circunstancias de su llegada sólo le dan más emoción a estos días en los que debo dedicarme a buscarlo o más bien a crearlo. Finalmente prefiero no saber qué diablos estaré haciendo o desde dónde escribiré el próximo 2 de octubre.

Saturday, October 06, 2007

Más de la revolución del azafrán

Myath Thu, un amigo de Burma exiliado en Tailandia me ha enviado estos links de blogs que se escriben desde la clandestinidad en Rangoon, las fotos de algunos son sencillamente atroces, pero parece no haber otra manera de denunciar lo que allí pasa. La mayoría están en burmés o birmano, y el último en inglés, pero las imágenes hablan por sí solas.

http://niknayman.blogspot.com/

http://soneseayar.blogspot.com/

http://www.ko-htike.blogspot.com/

http://seinkhalote.blogspot.com/