Sunday, May 03, 2009

Reading Beer Festival



Sin intención de sonar a lugar común, la influenza porcina ha puesto a Londres, hasta cierto punto en un estado de paranoia, nada comparable a lo que pasa en México. Desde el sábado pasado el tema ha ocupado la primera plana de los periódicos, de los panfletos, de los noticiarios, de los sitios de Internet. El bombardeo informativo es tan masivo y confuso, que el miércoles leí en el London Lite que según cálculos del NHS (National Health Service) 94,000 londoners podrían morir por la revancha de los puerquitos… El dato era quizá más disparatado que las teorías de conspiración detrás de la epidemia que he escuchado desde el DF. Lo único real es que el pánico vende, así como el morbo de la lenta agonía de Jane Goody ocupó las portadas hace un mes, ahora el miedo a la enfermedad es explotado y los encabezados no cesarán hasta que una nueva amenaza sustituya al mal que vino de México.

Y qué mejor lugar para escapar de todo esto que el Reading Beer Festival. El motivo fue celebrar el cumpleaños de Alan y la cita era a las 10am en la estación de tren de Paddington. Daniela e Iván renegaron todo el camino porque era muy temprano, porque hacía frío, porque el festival sería un fiasco y una larga lista de quejas. Salimos más tarde que los demás, nos perdimos y cuando por fin encontramos el dichoso festival, la cola para entrar era como de dos mil personas (sin exagerar). Afortunadamente no tuvimos que esperar demasiado. Pagamos, nos dieron una pinta de cristal y pasamos al paraíso de los que aman la cerveza. El festival consistía de dos carpas enormes, cada una con cientos de barriles conteniendo el celestial líquido, afuera sólo había pasto, puestos de comida y cientos tomando el sol y bebiendo. Ante el riesgo de perderse o enloquecer uno debía recurrir al mapa que explicaba las características de 450 tipos de cervezas, 150 sidras, 45 cervezas extranjeras y vinos ingleses. A partir de ese momento nos entregamos al único y sencillo placer del sol, la comida y la cerveza, simple, feliz, obsceno, puro disfrute, ebriedad, sed, sueño, calor, todo junto en un jardín y un festival en que me sorprendió no ver una sola pelea ni un solo policía. Probé cervezas con nombres tan insólitos como Gothic Dark (Gótica oscura), Star Gazer (mirador de estrellas), Marmalade Cat (mermelada de gato) o Reinaert Grand Cru con 9.5% de alcohol. Más que emborracharse, aquello consistía en probar, en paladear todas las texturas de la cerveza, desde las espesas mezclas oscuras que tenían cacao y aroma a especias, o la claras, que podían ser secas, refrescantes, amargas, ácidas. Probamos sidra de pera y cerveza hecha por monjes de Bélgica, tuvimos tiempo de dormir bajo el rayo del sol, de comer un sándwich de cerdo rostizado (algo muy parecido a las carnitas), pay inglés, aceitunas y las infaltables papas fritas. Cuando el día terminaba llegó la hora de los drinking games con una pirinola que señalaba cuantos dedos debía beber el que perdiera, dada la incapacidad de los ingleses para pronunciar pirinola, el juego ha sido bautizado como “pon”, nada más absurdo y hedonista, pero justificado por el puro placer de la cerveza. Cuando por fin, terminó y hube recorrido el trayecto inverso en tren y metro, y por fin alcancé la belleza de mi cama, estaba rendido, agotado por tantos sabores, cerré los ojos y de inmediato me perdí en el profundo y sereno sueño de los justos –y los glotones.



*Todas las fotos son crédito de Daniela

2 comments:

JAN said...

ojala hace una semana el miedo de la influenza nos hubiera permitido copiar un poco de la convivencia que aqui se desborda
saludos

Anonymous said...

Fantásticos tus relatos, expresas muy bien los eventos que casi puedo ver todo al ritmo que voy leyendo...

Por cierto, que envidia mano, mi sueño es estar dónde tu estas y algún día experimentar todo lo que aqui escribes...

Saludos.