Sunday, August 05, 2007

Los caminos imposibles


Finalmente después de recorrer templos y templos compro mi boleto hacia Pai, una de las últimas poblaciones que aparecen el mapa del norte de Tailandia. El camión indicaba Tercera Clase, pero nada me hizo sospechar lo que vendría. Una vez Daniela y yo tomamos un camión en tercera clase de Oaxaca a Puchutla y cuando por fin pudimos bajar juramos nunca más intentarlo. El camión al que me subí hace ver a los guajoloteros oaxaqueños como un servicio de primera en British Airways. Básicamente había cuatro inconvenientes:
  • El espacio entre asientos estaba planeado para niños de kinder, por lo que tuve que sentarme entre el asiento y la “nada” del pasillo.
  • No está previsto que los pasajeros de tercera clase viajen con equipaje, por lo tanto las mochilas o maletas deben ir o sobre las propias personas o en el pasillo donde serán aplastadas por los demás.
  • El chofer tiene la ferviente convicción de que donde deberíamos caber 20 cabíamos 32, así que una señora que no alcanzó asiento no tuvo más opción que sentarse sobre mi pie derecho durante las 8 horas que duró el viaje.
  • Como el aire acondicionado es un lujo vedado a los que viajan con bajo presupuesto la ventilación fue sustituida por un aerodinámico agujero en el pasillo del autobús. Desafortunadamente dicho agujero también representaba una desventaja ya que el pie de un pasajero podía caer directamente a la carretera y con la consecuente pérdida de la extremidad.

Afortunadamente las ocho horas transcurrieron. Largas, exasperantes, sudorosas, incómodas y ciertamente dolorosas pero lo logramos. En Pai prácticamente sólo hay algunos hostales, un bar de hippies y un 7-eleven. Al día siguiente me levanté temprano para llegar al campo de refugiados de Phangmaphea. Previamente había contactado al dueño de un negocio de motocicletas que prometió llevarme a una comunidad china llamada Mae Paeng donde debería buscar a un tal Mr. Jang que habría de llevarme a su vez al campod e refugiados a unos 80 km al norte. El monzón se hizo presente desde la noche, así que cuando llegué con el de las motocicletas me dijo que no podría llevarme, que el camino estaba demasiado lodoso, que esperara o caminara los 10 km que separan a Pai de Mo Paeng. Busqué otras opciones son el mismo resultado, o caminaba o caminaba. Diez kilómetros no son demasiado, hay lodo, cierto, pero seguramente podría lograrlo en una hora, pensé. Nunca me había equivocado tan profundamente en cuestiones geográficas. Los diez kilómetros me tomaron cuatro horas de caminata entre la lluvia, el fango, cientos de ranitas y sapos que invadieron el camino y los dedos de los pies con el aspecto de haber visitado un tratamiento de barro en un spa. Eran las 12:30 del día cuando llegué Mo Paeng, aún llovía y como pude pregunté por Mr. Jang. Su casa era la más alta en el cerro de la comunidad, pero ya estaba cerca y una subida más no representaba ningún reto. Toqué la puerta de su casa que afortunadamente tenía un letrero de FAO (Agencia de Naciones Unidas para la Agricultura) y después de media hora salió una mujer para explicarme que Mr. Jang estaba en la cercana comunidad de Mae Hong Son, que probablemente aceptaría llevarme a pesar de la lluvia pero para llegar habría que caminar 15 kilómetros más porque el camino estaba literalmente “intransitable”. En ese momento me di cuenta que no llegaría al campo de refugiados ni a ningún otro lugar. Supongo que la mujer vio un poco la desolación con que le dije “¿15 kilómetros más?” porque amablemente se ofreció a regresarme a Pai por la tarde si escampaba, necesitaba llevar a sus hijo al doctor y no me cobraría el transporte. Le tomé la palabra por sentido común y horas después recorrí de regreso aquel lodazal a bordo de una 4x4 que apenas pudo superar los caminos imposibles del monzón. Nos tomó cuarenta minutos. Regresé empapado y exhausto. Al día siguiente debía estar en Bangkok, esta vez la experiencia se impuso, regresé a Chiang Mai en una Van Express y en vez de un tren tomé nuevamente el riesgo de volar en los viejísimos aviones de las líneas aéreas tailandesas de bajo costo.









1 comment:

Edwin said...

Menos mal que estas de nuevo en casa wey...saludos