Sunday, April 06, 2008

De vicios y placeres

Escribo paladeando el humo y el aroma a tabaco mientras fumo desde mi ventana. Para los que compartimos el insano vicio/placer de fumar, momentos así nos sumergen en un estado de satisfacción física, de relajamiento íntimo y cierta felicidad infantil. Quizá por eso la teoría Freudiana clasifica a los fumadores como psiques cuyo Yo necesita desahogar las angustias de la etapa psicológica oral. Pero más allá de los conflictos nacidos entre la voluntad y la salud, entre la conciencia y la esclavitud del vicio, fumar tabaco puede resultar -para algunos- una experiencia de lo más estimulante. Sólo los que fumamos entendemos el secreto placer de fumar mientras se escribe, de tener un cigarro mientras se bebe una cerveza o se comparte una plática deliciosa. Por mucho tiempo me rendí al tabaco negro de los Populares cubanos, al papel arroz dulce de los Faros o a la pesado humo de los Delicados, que si se fuman en la mañana sin haber desayunado obnubilan el razonamiento y marean. Sin embargo soy consciente de que cada bocanada de humo resta 5 minutos de vida y que junto con el placer ingresan a los pulmones cientos de sustancias mortales, y aunque lo disfruto, nunca recomendaría a nadie intentarlo, ni probar, pues toda adicción a la nicotina comienza con la curiosidad del primer intento. Por la misma razón abandonaré mi vicio próximamente, cuando se termine la última cajetilla de Marlboro traída desde Tenochtitlán.

Y todo esto vino a mi mente porque leí en varios periódicos de México el lío por la entrada en vigor de una ley que prohibe fumar en cualquier establecimiento cerrado del DF. Aquí en Inglaterra, los pubs, bares y restaurantes vieron apagarse sus últimos cigarros en Junio del año pasado. La medida generó protestas de fumadores y empresarios, pero el argumento a favor fue más sólido que cualquier idea a favor del vicio. La principal premisa fue el daño causado a los no fumadores (fumadores pasivos), especialmente a los trabajadores de establecimientos, meseros, cajeros, barmans y demás, que noche a noche por un tiempo prolongado inhalaban la carga de múltiples cigarros. La prohibición resultó incluso en el cierre de buena parte de los cafés shisha, lugares donde uno va a fumar la hooka árabe. Sin embargo la mayoría entendió lo razonable de la medida y la persistencia y tenacidad de los viciosos propició que muchos bares se inventaran pequeños espacios abiertos, mesas en la calle o en azoteas para los que seguimos aferrados al cigarro. Desde las oficinas y lugares de trabajo surgió una nueva palabra “Smirting”, mezcla de “Smoking” y “Flirting” (fumar y ligar), así las pausas para salir a fumar se convirtieron en la oportunidad de hacer plática y quizá conseguir el teléfono o una salida con el fumador de al lado. La medida final que los ingleses aplican para desalentar el vicio al tabaco son los precios, los cigarros pagan más impuesto (en porcentaje) que cualquier producto, lo que provoca que una cajetilla de Marlboro rojos cueste 5.70 libras, unos 125 pesos. Ante semejante panorama y los obvios beneficios de dejarlo, la siguiente semana iniciaré una lucha contra mí mismo, contra la desesperación que se siente cuando arrecia la necesidad de nicotina y contra la nostalgia por el sensual placer de mirar el tabaco consumirse mientras el humo curvea su silueta en el espacio...

3 comments:

Pucca said...

Si antes de intentarlo, inicias algun deporte, mejor. Tu cuerpo empezara a rechazar el tabaco, para mejorar su rendimiento. Si ya haces alguno, aumentale el nivel. De preferencia que sea ejercicio aerobico. Suerte!!!

Mariposa Amarilla said...

"... fumar es un placer..." dice la letra de un bolero... pues ni modo, lo intentaré a tu lado, espero que no muéramos en el intento...

Un beso.

Juan said...

¡Gustavo, qué grata sorpresa encontrar tu blog! Ha sido un placer leer tus historias.
Juan Cruz