Monday, May 12, 2008

Café Tacvba en Londres

Lo colectivo es la expresión máxima de la identidad, si somos muchos y tenemos algo en común, reafirmamos ese lazo que puede derribar barreras de género, lengua o clase social por el sólo hecho de compartir un gusto, una condición, un culto. Hace una semana, esa borrosa y múltiple colectividad que llamamos América Latina y en particular México, tomó por asalto el Barbican de Londres, el motivo, el concierto de la banda más famosa que haya alumbrado Ciudad Satélite: Café Tacuba.

Descubrí al Café una lejana noche de mis pubertos once años cuando escuché una canción que hablaba de un tal Carlos y su amor imposible por Mariana; mi hermana Lucy después me explicó que su letra delineaba la historia escrita por José Emilio Pacheco en su libro Las Batallas en el Desierto. A partir de entonces operó en mí ese proceso por el que uno se vuelve fan, es decir, conocedor de todas la letras, seguidor de giras, creyente y negador de cualquier crítica contra algo que uno considera propio; aunque tampoco caí en ese segmento de los fans-fundamentalistas que pueden vender un auto para ir a un concierto en primera fila. Los vi en condiciones tan extremas como el Zócalo o el Bulldog, o tan memorables como sus 15 años en el palacio de los rebotes.

Sin embargo verlos en el extranjero es radicalmente distinto. Ese sábado el Barbican no sólo fue tomado por un horda de fanáticos sino también por un ejército movido por la nostalgia hacia los chilaquiles y las enchiladas de mole, a los mojitos, al pisco, al mate. América Latina fue a escucharse, a sentirse y a encontrarse, más allá de la música, muchos fueron a a buscar ese ritual en que uno pertenece y es, libremente, en su propio idioma y con su alegría innata. Un pedacito de eso que algunos llaman cultura. El delirio de escucharnos en sus canciones duró dos horas, incluyendo la salida anticipada para provocar los coros de ¡otra otra! y una invitación a las asistentas para brincar al escenario y cantar y semi-secuestrar a Rubén el cantante.

Hacia la salida el sentimiento latino explotó con un grupo que tocaba cumbia en el enorme hall del Barbican y los que no tuvieron suficiente con el café siguieron en el éxtasis de la pertenencia bailando hasta las doce la noche. Después, en la salida, todos regresaríamos a Inglaterra, a pelearnos con el inglés y a ser otra vez como no somos, entre estos ingleses cuyas máximas emociones en un concierto son expresadas por medio de moderados aplausos. Y sí, al final sentí un poco el home sickness, sobre todo después de la última canción, dedicada a los que estamos por acá, voluntaria o involuntariamente, y que hemos dejado un país que a estas alturas aún nos espera: El cover de Como te extraño mi amor

Y aquí la canción, por buena vibra y sí, porque soy fansss...


4 comments:

Pucca said...

Pues con todo que saliste con homesick, estoy segura que fue una gran experiencia... de habernos enterado creo que me hubiera gustado ir también.

Yo said...
This comment has been removed by the author.
Azu said...

Gustavooo! que buen post sobre tu percepcion paralela del concierto.. depronto estar en Mexico sentir lo latino del Barbican y luego salir al frio Londinense.. estuvo chido-lovely !!espero todo vaya bien con tu nueva experiencia besos!Azucena

Berenais said...

Está re-chulo tu post!!
Tb salí medio homesick pero disfruté un chorro!! Volví a tener 13 con la chica banda, jaja
Besos!!